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CUANDO LA MÚSICA QUISO ALCANZAR A LOS DIOSES Reencuentro con Banco del Mutuo Soccorso Por el Sr. González. En mi adolescencia, a mediados de los años setenta, vivía en Venezuela. En esa edad en donde uno necesita manifestar el gusto propio. Donde uno se vuelve radical y el fundamentalismo en gustos musicales se impone, me convertí en un fanático rock progresivo. Esa mezcla de música sinfónica con rock, que llevó a este último, al estado más sofisticado que jamas haya logrado.
Pertenecer a este grupo de melómanos escogidos (así se sentía uno) te enmarcaba en un perfil particular. El deseo de poseer los discos mas extraños y de las procedencias más diversas, se convertía en una obsesión y te daba a uno cierto status. Nada que ver con el general del público que escuchaba música disco, la música comercial de la época. Uno comenzaba escuchando a los grupos ingleses, que siempre tuvieron un mejor manejo mercadotécnico que las bandas de otros paises. Yes, Genesis, Camel, ELP, King Crimson, Jethro Tull, Gentil Giant, eran la punta de lanza de este movimiento. Pero se podría decir que fue básicamente un fenómeno europeo, mientras que en los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, fueron muy pocos los exponentes de este género. Los más conocidos, quizás, fueron Kansas y Rush. Un país que se destacó en esta música, fue Italia. Dos de sus más conocidos representantes eran Premiatta Forneria Marconi y el Banco del Mutuo Soccorso, en donde sus raices barrocas y operísticas evidenciaban sus raices y procedencia. La admiración que uno sentía por estos artistas entraba en los terrenos de la idealización. Los discos se convertían en universos totales y piezas de colección valiosas. Y algo que terminaba por marcar una distancia con sus ejecutantes y que, por ende, los volvían semidioses, era que tratar de verlos en vivo era prácticamente imposible para un adolescente de Latinoamérica. En nuestros paises se dieron algunas manifestaciones que generalmente se quedaban cortas, pero que se convertían en la única alternativa para ver en vivo a un grupo de rock progresivo. Recuerdo de Venezuela a Témpano.
Yo crecí, volví a México y me di la oportunidad de manejar un criterio más amplio en mis gustos. Para mi el Rock Sinfónico, como se le decía también, había pasado a representar una época. Unos amigos que nunca le perdieron afición, me hicieron notar, a comienzos de los noventa, que el progresivo seguía vivo en un mundo underground de coleccionistas aferrados, con bandas nuevas y alguno que otro necio que nunca dejo de tocar. Dream Theater es un ejemplo exitoso de esta nueva generación. El sábado pasado fui a ver por primera vez al Banco del Mutuo Soccorso. Tocaron en el Gran Forum del Sindicato de Músicos del D.F. Fue una regresión, un espacio para la nostalgia y una sorpresa grandísima poderlos ver finalmente. Para muchos, entre ellos yo, se saldó una deuda pendiente. Vi a los ídolos, pero ahora los vi como gente común. Unos maravillosos humanos que con una gran dignidad llevaban mas de veinte años de tocar la música en la que creyeron y que a varios nos educó. La voz de Francesco nos cautivo.
Se dieron cita unas mil personas para ver, en su segunda visita a la ciudad de
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