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La muerte lo sorprendió trabajando. A pesar de que desde hace más de dos años estuvo diciendo que ya estaba cansado del ¿me y que pensaba retirarse, Krysztof Kieslowsky, tal vez el cineasta polaco más re-conocido en todo e¡ mundo y, sin duda, uno de los grandes maestros del cine contemporáneo, nunca pudo cortar de tajo los lazos que lo unían al séptimo arte.
A pesar de que Preisner ha trabajado con diver-sos cineastas, como Héctor Babenco ("At Play in the Fields of the Lord"), Louis Malle ("Damage"), Luis Mandoki ("When a Man Loves a Woman"); Agnieska Holland ("Europa, Europa", "The Secret Garden") y Charles Sturridge ("Fairy Tale: A True Story"), es gracias a su extensa colaboración con Kieslowsky por lo que es actualmente reconoci-do internacionalmente como uno de los com-positores de cine más importantes de fin de siglo. Numerosos son los premios que se cuen-tan en su haber: el Oso de Plata del Festival de Cine de Berlín, en 1997; el Premio Cesar de la Academia de Cine Francés (en 1994, por "Tres colores: Rojo", y en 1996, por "Elisa"), así como el premio al Mejor Compositor de la Academia de Críticos de Los Ángeles, que le ha sido otor-gado durante tres años consecutivos. En 1992, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia le otorgó un reconocimiento por contribuir con su música a la difusión de la cultura polaca en el extranjero. El trabajo de Kieslowsky y Preisner fue revita-lizante. Juntos transformaron el cine polaco y le dieron presencia en los festivales de cine de mayor prestigio, asegurando, en mayor o menor medida, su exhibición dentro y fuera del continente europeo. Si bieh Kieslowsky desarrolló un cine de gran riqueza lírica y visual, con acer-tadas historias y personajes psicológicamente bien construidos, Preisner supo crear, a través de sus magistrales, elegantes y melancólicas partituras, la atmósfera perfecta para cada uno de los mundos cinematográ-ficos del cineasta.
"Requiem for My Friend" se realizó en dos partes. La primera; "Requiem", es un oscuro y lánguido lamento inte-grado por nueve movimientos para soprano, órgano, con-tratenor, bajo, quinteto de cuerdas y percusiones. La segun-da parte, "Life", es un canto épico, un recorrido por la vida espiritual del ser humano, compuesto por nueve movimien-tos agrupados en cuatro bloques: El principio, Destino, Apo-calipsis y Postscriptum. Su coloratura va del gozo por iniciar la vida hasta la fúnebre tristeza de su extinción. Ambas partes de la obra están unidas por un mismo movimiento: "Lacri-mosa", un bellísimo canto para voz soprano que nos habla de arrepentimiento, perdón y redención. Pero el homenaje no es sólo de Preisner. A él se ha unido la soprano polaca Elzbieta Jowarnicka, cuya incomparable tesitura vocal ha sido una constante en los filmes más representativos de Kieslowsky, como "La doble vida de Veronique", "Tres colores.. Azul" y "Tres colores: Rojo". Los cinéfilos de todo el mundo la identificarán como la voz que ha recreado en la pantalla las obras de un compositor sueco ficticio, conocido en los fijmes como Van den Budenmayer, que en realidad no es otro que el mismo Preisner. La premiere mundial de "Requiem for My Friend" tuvo lugar en Varso-via, el primero de octubre del año pasado, con la participación de la so-prano, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Varsovia. El pasado mes de marzo, la obra se estrenó en el Reino Unido, en el Royal Festival Hall de Londres, con la Orquesta de la BBC. Es así como Preisner se despide de su amigo. Asida el último adiós a Kieslowsky.
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